Emprender · Carrera
Tener un 9 a 5 no es un delito
¿En qué momento se convirtió en algo malo tener un 9 a 5? También me pregunté: ¿de dónde nace este pensamiento tan absurdo?
Un día de estos estaba hablando con un conocido y le comenté que ya no tenía mi negocio, sino que tenía un trabajo de oficina. Y su reacción fue como si le hubiera dicho que estaba cometiendo un delito, y eso me dejó pensando… ¿En qué momento se convirtió en algo malo tener un 9 a 5?
También me pregunté: ¿de dónde nace este pensamiento tan absurdo?
Y bueno, me puse a analizar y, obvio, siempre ha existido esa espinita en algunas personas, pero las redes sociales y el contenido aspiracional han influido mucho en la percepción que tienen de ser “sus propios jefes”.
Después de la pandemia, tanto en Latinoamérica como en Estados Unidos, se desató la ola de los negocios digitales que ya traía años existiendo, solo que, obvio, por el encierro y las restricciones, muchos negocios tuvieron que ver cómo evolucionaban o se adaptaban para sobrevivir.
Pero temas como el dropshipping, el e-commerce, los infoproductos y el coaching empezaron a ganar protagonismo…
Y así empezamos a ver a fulanito contando sobre su gran vida como emprendedor: viajes a la playa todas las semanas, 4/5 viajes al extranjero al año, derroche de dinero, fiestas, carros de lujo, artículos de diseñador.
Y a ver, todo bien con eso; a los que les va bien emprendiendo, por supuesto que felicidades. Esa es la meta de muchísimas personas. Acá no quiero que piensen que estamos criticando el éxito de los demás.
La crítica viene de romantizar y hacer creer a la sociedad que si deciden tener un negocio, el éxito está garantizado o es inmediato.
En el 2024, yo misma dejé mi trabajo corporativo y cofundé una agencia de marketing asumiendo su dirección. El negocio, en menos de tres meses, alcanzó una facturación anual de seis cifras y, en alrededor de un año, había consolidado un equipo de 10 personas y más de 20 clientes activos. Y aunque nos fue increíblemente bien y superé incluso mis propias expectativas, no todo es color rosa. En el proceso me di cuenta de que muy pocos entienden o están dispuestos a soportar lo que implica un negocio.
Tener que atravesar la tormenta de la incertidumbre. Me gustaría llamarlo así porque, cuando dejás la zona de confort de un trabajo de oficina, NO sabés a qué te estás enfrentando. Toca conseguir nuevas fuentes de ingreso, crear una oferta, hacerse de un nombre y, después de unos meses, uno se va acostumbrando a vivir así, al día. Porque seamos honestos, cuando un negocio está empezando, hacer proyecciones financieras a largo plazo no es ni siquiera una opción.
No vas a empezar pagándote un salario millonario. Me hace demasiada gracia ver a estos “coaches” vendiendo cursos de $1,500+ diciendo: con esto vas a lograr conseguir clientes que te paguen como MÍNIMO $1,000+ al mes. ¿EN QUÉ MUNDO PARALELO VIVEN? Si estás empezando, no tenés plataforma y, mucho menos, dinero para invertir en publicidad, ¿quién te va a pagar ese monto? Cuando empecé a emprender me funcionó, porque llegué con años de experiencia y contactos, no por un curso
Uno de los temas para los que uno menos está preparado es manejar personal. Cuando un negocio está empezando, obvio que no podés pagar salarios altos; tampoco podés ofrecer los beneficios y las condiciones que te gustaría. Entonces, conseguir colaboradores es difícil, y cuando los conseguís, toca lidiar con que no fueron un buen fit para la cultura, que no están comprometidos con el trabajo, que utilizan el tiempo laboral para otros trabajos y dejan sus responsabilidades botadas (sí, me pasó un par de veces), y aun así, cuando los despedís, la mala de la película siempre vas a ser vos.
Estos son algunos ejemplos de dolores de cabeza que uno experimenta cuando empieza un negocio, pero OBVIO ninguno de estos amigos te prepara para eso; solo te pintan lo bonito, la “flexibilidad”, aunque cuando estás con algo propio te juro que trabajás el triple de horas y con su súper vida de nómada digital.
Como que hoy en día, por el contenido aspiracional de estos vendehumo, la versión de éxito de moda es esa. Aunque en muchos casos el estilo de vida que venden puede ser alquilado, prestado y con deuda bancaria. Como fue el caso de Andrew Tate, que mostraba yates, mansiones y carros de lujo, cuando todo era un montaje para captar tu atención.
Entonces, si decidís perseguir una carrera corporativa y tenés la meta de trabajar en X empresa en X puesto, sos un fracasado. Aunque exista el escenario en el que el VP of Marketing genere el triple que el influencer que te vende el curso.
En octubre de 2025, decidí que necesitaba darle un giro a mi vida; atravesé un momento muy pesado emocionalmente y opté por vender el negocio. Yo nunca satanicé volver a un trabajo corporativo porque el valor y el aprendizaje que logré para fundar mi negocio los adquirí gracias a esos trabajos. Y yo dije: si vuelvo a las “canchas”, tengo asegurado seguir aprendiendo y desarrollándome como profesional. Aparte de que, en mi viaje, entendí que no me hacía feliz tener un negocio, al menos no ese, y es 100% válido.
Al final, la vida es demasiado corta para aferrarnos a un camino que no nos hace felices solo porque está de moda en Instagram o TikTok. Emprender tiene lo suyo; el trabajo corporativo también, y ninguno de los dos te asegura el éxito ni la libertad financiera. Pero ambos te aseguran crecimiento personal.
Así que no, tener un 9 a 5 no es un delito.
